LITERATURA DE AA
  AA LE DIO
 
 
A.A. LE DIO LA LUZ QUE NECESITABA
 
De niño, los vecinos le pusieron el nombre “lechuza” por dormir toda la noche en el monte. A.A. le ofreció un nuevo y verdadero amanecer. 
 
Mi infancia fue muy triste, pero muy triste; fue un pasado muy difícil de olvidar. Mi padre un ebrio consuetudinario, no se preocupaba nunca de mi madre, de mis hermanas; menos de mí, su único hijo.  
Descuidó mi educación por dedicarse por completo a la bebida; y más doloroso todavía, se olvidó de nuestra comida, de nuestro vestuario y hasta del más pequeñito juguete que tanto deseé y tanto envidié a los que sí lo podían disfrutar; mi pobre madre era la imagen del mismo dolor, era una esclava víctima del vicio (decía yo) de su esposo, y víctima del esfuerzo que tenía que realizar para medio vestir a sus seis hijos.  
Lo normal para nosotros era que mi padre llegara ebrio y casi siempre a ultrajar a mi madre. Nosotros (hijos) nos refugiábamos en los matorrales ya que vivíamos en el campo. Por tal motivo los vecinos nos llamaban por el sobrenombre de las lechuzas, ya que no había semana que no nos tocara dormir en el monte. 
Yo nunca pensé que mi padre sufriera una enferme dad (alcoholismo) y por tal motivo tuve muchos resentimientos hacia él y hasta llegué a odiarlo.  
Todas esas humillaciones, escándalos, problemas que se vivieron en casa, me dejaron desarmado moral, espiritual y sicológicamente para enfrentarme a la vida, y me hizo un ser totalmente insociable, con muchos complejos que paso a paso me fueron encerrando en la soledad; llegando a ser un pobre desdichado, enfermo moral mente, sin voluntad ni ilusión de la vida, me encontré condenado a transitar por el mundo solo y triste.  
Tuve que retirarme del colegio por la vergüenza que me daba el hecho de estar mendigando entre mis compañeros, para que me prestaran sus libros de estudio, ya que a mi padre no le alcanzaba sino para beber: esa decisión hizo que tuviera que marcharme de mi casa. Y así empezó mi carrera alcohólica, lejos de mi madre que al fin y al cabo era mi único consuelo; empecé a beber para disipar la tristeza de estar lejos de mi casa. De regreso a mi hogar, después de unos años, ya bebía por cualquier cosa: porque me disgustaba con la novia o porque estaba contento con ella, cuando ganaba el Santafecito de mi alma o cuando perdía, en fin cualquier pretexto era bueno para beber.  
¡Qué tragedia Dios mío! cuando llegué a A.A. ya era totalmente un irresponsable que no ganaba ni para vestirme, únicamente para beber.  De pronto, en esa tragedia en 1972 no sé cómo me encontré trabajando con un miembro de A.A., quien sin pérdida de tiempo me invitó a una reunión de A.A.; por la necesidad del trabajo acepté acompañarlo, mas no por que considerara que mi problema era la bebida; él nunca me dijo que mi problema era ese, pero eso sí, me llevaba constantemente a reuniones. Duré acompañándolo como dos años sin aceptar mi enfermedad, pero lo que me causó impresión fue el ejemplo que él me daba en su diario vivir y eso me hizo reflexionar sobre mi vida, sobre mi pasado y en 1974 a regañadientes acepté mi problema, que mi vida era ingobernable y que con el alcohol lógicamente la agravaba más; desde esa fecha soy un A.A.  Después de dos años de estar en la cuerda floja, experimenté la más hermosa y productiva experiencia que me regaló A.A., como fue el darme la oportunidad de desarrollar el sentimiento de servir en algo a los demás; y sin saberlo en ese entonces el más beneficiado fui yo y mi familia. A través del servicio, al principio con un sentimiento equivocado, buscando satisfacer mi ego, fui descubriendo una transformación en mi insociable e insensible personalidad; poco a poco me di cuenta de que no todo había terminado para mí. A.A. a través de todo su programa me mostraba un camino a seguir, aun que con dificultades, con muchas perspectivas para el futuro, si yo así lo deseaba.  
La experiencia que he experimentado a través de los diferentes niveles de servicio, las satisfacciones, los logros y también las dificultades, es algo inolvidable para mí y que con palabras no se puede expresar. Como servidor he cometido muchos errores, pero siempre he tratado de aportar algo a mi comunidad; día a día me preparo emocionalmente, intelectualmente y sicológicamente, porque, al menos a nivel de mi zona, soy un líder y un líder debe pensar más con la cabeza que con el corazón y por eso debe prepararse constantemente.  
Hoy, después de 12 años en el programa, deseo que A.A. cada día esté más disponible, y seguir colaborando un poco para ello. A.A. y Dios me han devuelto la luz que yo necesitaba, y deseo que aquellos que están en tinieblas también algún día puedan ver la luz de la vida, y que si algún día mis hijos tienen problemas con la bebida, A.A. tenga las puertas abiertas para ellos.  
Gracias a Dios, gracias a A.A., gracias a mi padrino y a los compañeros que me han regalado sus experiencias y por su confianza muchas gracias, porque por todos ustedes, hoy estoy disfrutando la felicidad de vivir sobrio.
 
   
 
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