LITERATURA DE AA
  SEGUNDA PARTE
 
 
VIVIENDO SOBRIO - SEGUNDA PARTE
 
6. PONERSE EN ACTIVIDAD
 
 
Es muy difícil sentarse calmadamente a tratar de no hacer una determinada cosa, o aun de no pensar acerca de ella. Es mucho más fácil ponerse en actividad y hacer alguna otra cosa, diferente del acto que estamos tratando de evitar.
Lo mismo sucede con la bebida. El tratar simplemente de evitar la bebida, o no pensar en ella, por sí mismo no parece ser suficiente. Mientras más pensemos acerca del trago, del cual estamos tratando de alejarnos, más ocupará nuestra mente, por supuesto. Y eso no es bueno. Es mucho mejor ocuparse en algo, cualquier cosa que sea, que absorba nuestra mente y canalice nuestra energía hacia la salud. Miles de nosotros nos preguntábamos qué íbamos a hacer cuando dejáramos de beber, teniendo disponible tanta cantidad de tiempo. Claro que, cuando logramos parar, todas aquellas horas que anteriormente gastábamos planeando, consiguiendo nuestra bebida o bebiendo o recuperándonos de sus efectos inmediatos, se nos presentaron de repente como huevos de tiempo grandes y vacíos que teníamos que llenar de alguna manera.
Casi todos nosotros teníamos que trabajar. Pero aún así, había varios espacios largos y vacantes de minutos y de horas en los cuales no encontrábamos nada que hacer. Necesitábamos conseguir nuevos hábitos o actividad para llenar esos espacios abiertos y utilizar la energía nerviosa que previamente era absorbida por nuestra preocupación o nuestra obsesión por la bebida.
Cualquiera que haya intentado alguna vez modificar un hábito sabe que es mucho más fácil encontrar una actividad nueva y substitutiva que dejar el antiguo hábito sin colocar nada en su lugar.
Los alcohólicos recuperados dicen frecuentemente que "El solo dejar la bebida no es suficiente". Simplemente no beber es una cosa estéril y negativa. Esto está claramente demostrado por nuestra experiencia. Para mantenernos abstemios, hemos encontrado que necesitamos colocar un programa positivo de acción en el lugar que antes ocupaba la bebida. Hemos tenido que aprender a vivir en sobriedad.
Es probable que el temor nos haya empujado a algunos de nosotros hacia la consideración de alguna eventual posibilidad de que pudiéramos tener un problema de bebida. Y durante algún corto período, ese solo temor ha sido suficiente para alejarnos del licor. Pero un estado de temor no es feliz ni descansado como para mantenerlo durante mucho tiempo. Por consiguiente tratamos de desarrollar un saludable respeto por el poder del alcohol, en vez de atemorizarnos por él, así como la gente tiene un saludable respeto por el cianuro, el yodo o cualquier otro veneno. Sin necesidad de vivir constantemente preocupados por esos venenos, la mayoría de las personas respetan lo que ocasionan en el cuerpo humano, y tienen el suficiente sentido como para no ingerirlos. Nosotros en A.A. mantenemos el mismo conocimiento y el mismo cuidado, respecto al alcohol. Pero naturalmente, se basa en
una experiencia de primera mano, y no en el simple respeto que ocasionan una calavera y unos huesos pintados en una etiqueta.
Ya que no podemos confiar en el miedo para que nos acompañe durante esas horas vacías en que tratamos de no beber, ¿qué podemos hacer entonces?
Hemos encontrado que hay muchas clases de actividad útiles y provechosas, algunas más que otras. presentamos aquí dos de ellas, en el orden de su eficacia tal como las hemos experimentado.
A. Actividad dentro de A.A.
Cuando los miembros experimentados de A.A. dicen que han encontrado la utilidad de mantenerse activos en su proceso de recuperación del alcoholismo, generalmente quieren significar que se han puesto en actividad en y alrededor de A.A.
Si usted lo desea, puede empezar a hacerlo aun antes de decidir si quiere o no convertirse en un miembro de A.A. No necesita ni el permiso ni la invitación de nadie.
De hecho, antes de que usted tome una decisión acerca de su problema de bebida, sería una magnífica idea que gastara algún tiempo observando nuestra agrupación. No se preocupe, el sentarse para observar las reuniones de A.A. no lo convierte a usted en alcohólico o en miembro de A.A., así como el sentarse en un gallinero no lo convierte en gallina. Usted puede perfectamente asistir como a un ensayo general de A.A., antes de decidirse acerca de su afiliación.
Las actividades que frecuentemente utilizamos al principio en A.A. pueden parecer muy triviales, pero los resultados demuestran ser invaluables. Podríamos llamar estas cosas "rompe hielos", porque logran que nos sintamos a gusto entre gentes que no conocemos.
Cuando terminan las reuniones de A.A., usted verá generalmente que algunos de los presentes empiezan a organizar el salón, vaciar ceniceros, arreglar las sillas, encargándose de limpiar los utensilios usados para el café y las gaseosas.
Únase a esas personas. Se verá sorprendido pro el efecto que pueden ejercer sobre usted estas pequeñas rutinas. Usted puede ayudar a lavar las tazas y platos del café, guardar la literatura o limpiar el piso.
El ayudar con esas pequeñas y fáciles tareas físicas no quiere decir que usted sea el celador o conserje del grupo. Nada de eso. Por los años que llevamos haciéndolo y observando a nuestros compañeros que lo hace, sabemos que prácticamente todas las personas actualmente
recuperadas en A.A., han tomado sus turnos en esos detalles menores de limpieza, organización y cuidado general del grupo. Los resultados que hemos sentido al efectuar esas tareas son concretos, benéficos y usualmente sorprendentes.
En realidad, muchos de nosotros empezamos a sentirnos cómodos dentro de A.A., solamente cuando empezamos a ayudar con esos simples actos. Y nos sentimos más en confianza, y mucho más alejados de la bebida o del recuerdo de ella, cuando aceptamos alguna responsabilidad pequeña pero específica en forma regular, tal como conseguir los refrescos, ayudar a prepararlos y servirlos, estar pendiente de recibir a las personas recién llegadas, formar parte del comité de hospitalidad, o simplemente ejecutar tareas que tenían que hacerse. Simplemente observando a los demás miembros del grupo, usted se dará cuenta de qué se necesita para alistar las reuniones de A.A., y para arreglar la sala después de ellas.
Nadie tiene la obligación de hacer tales cosas, por supuesto. En A.A., a nadie se le pide que haga o deje de hacer. Pero estos deberes simples, baladíes, y la promesa que nos hacemos a nosotros mismos de cumplirlos fielmente han tenido efectos inesperadamente buenos en muchos de nosotros, y todavía lo logran. Con ello se le da algún cuerpo real a nuestra sobriedad.
A medida que usted permanece dentro de un grupo de A.A., podrá observar otras tareas que necesitan efectuarse. Escuchará al secretario dar los avisos y verá al tesorero hacerse cargo del sombrero de las contribuciones. El servir en una de esas funciones, una vez que usted haya adquirido algún período de sobriedad (90 días, en la mayoría de los grupos), es una magnífica manera de ocupar parte del tiempo que antes utilizaba para beber.
Cuando este tipo de "trabajos" le interese, valdría la pena que diera un vistazo al folleto "El Grupo de A.A.". Allí se explica qué es lo que hacen los "funcionarios" de grupo, y cómo son elegidos.
En A.A. nadie está ni por "encima" ni por "debajo" de los demás. No hay clases, ni estratos ni jerarquías entre los miembros. No hay funcionarios formales, ni tienen ninguna clase de poder, gobierno o autoridad. A.A. no es una organización en el sentido ordinario de la palabra. En vez de eso, es una comunidad de iguales. Todos nos llamamos unos a otros por el nombre de pila. Los miembros se turnan para llevar a cabo los servicios que necesita el grupo para poder funcionar y reunirse.
No se necesita experiencia o educación profesional particular. Aun en el caso de que usted no haya sido coordinador o presidente o secretario de ninguna entidad, verá, como lo hemos hecho nosotros, que dentro del grupo de A.A., esos servicios son muy fáciles de cumplir y que obran maravillas en nosotros, pues constituyen un fuerte respaldo para nuestra recuperación.
Veamos ahora el segundo tipo de actividad que nos ayuda a mantenernos alejados de la bebida.
B. Actividad no relacionada con A.A.
Es muy curioso, pero cierto, que algunos de nosotros cuando dejamos de beber, al principio parecemos experimentar una especie de falla temporal de la imaginación.
Es muy curioso, porque durante nuestros días de bebedores, muchos de nosotros exhibíamos poderes imaginativos casi increíblemente fértiles. En menos de una semana, podíamos inventarnos instantáneamente más razones ('0 excusas?) para beber, que aquellas que usa la mayor parte de la gente para otros propósitos en el transcurso de toda su vida. (Incidentalmente, es una buena fórmula práctica el saber que los bebedores normales, es decir los no alcohólicos, ¡nunca necesitan justificaciones particulares para beber o para no beber!).
Cuando ya no tenemos necesidad de darnos excusas a nosotros mismos para poder beber, nos parece que nuestras mentes entran en un estado de neblina. ¡Algunos de nosotros parece que no pudiéramos pensar en cosas no alcohólicas por hacer!. Tal vez esto se deba a que estamos totalmente desentrenados. O tal vez la mente necesita un período de convalecencia descansada después de que cesa el alcoholismo activo. En cualquier caso, esa apatía se desvanece. Después de nuestro primer mes de abstención, muchos de nosotros notamos una gran diferencia. Después de tres meses, nuestras mentes parecen aun más claras. Y durante nuestro segundo año de recuperación, el cambio es sorprendente. Parece que tenemos mucha más energía mental disponible que la que hemos tenido previamente.
Pero es durante aquellos días aparentemente interminables del primer período de abstención cuando usted escuchará que algunos de nosotros decimos, "¿Qué podemos hacer?".
La lista siguiente se da solo para empezar en esa época. No es muy excitante, pero cubre las clases de actividad que muchos de nosotros hemos utilizado para llenar nuestras primeras horas de ocio cuando no estábamos en nuestra ocupación habitual o con otras personas no bebedoras. Sabemos que funcionan. Nosotros hicimos cosas tales como:
1. Caminar especialmente a lugares distintos, o en parques, o en el campo. Caminatas lentas y apacibles, no marchas fatigosas.
2. Leer, aunque muchos de nosotros nos cansábamos muy pronto cuando tratábamos de leer algo que requiriese demasiada concentración.
3. Asistir a museos y galerías de arte.
4. Hacer ejercicio; natación, atletismo, yoga y otras formas de deporte aconsejadas por el médico.
5. Poner manos a la obra en aquellas tareas abandonadas, tales como limpiar el desván, arreglar nuestros papeles, contestar cartas, colgar cuadros, o algo por el estilo que hemos venido posponiendo.
Hemos visto que es muy importante, sin embargo, que no exageremos ninguna de estas actividades. Programar la limpieza de todos los closets, de todo el desván, o el garaje o el apartamento, parece simple. Sin embargo, después de un día de ardua labor física en ellos, podemos terminar exhaustos, sucios, sin acabar la tarea y desanimados. Por ello nuestro consejo es el siguiente: trate de elaborar un plan que pueda llevarse a cabo. Empiece, no por organizar toda la cocina o todos los archivos, sino un estante o un folde o una carpeta. Continúe otro día con la tarea restante.
6. Ensayar un nuevo hobby o entretención, nada que sea costoso o demasiado exigente, sino una diversión agradable en la cual usted no necesite ganar o competir, sino que puede disfrutar de algunos momentos de placer y tranquilidad. Muchos de nosotros hemos escogido hobbies con los cuales no habíamos soñado antiguamente, tales como bridge, costura, ópera, peces tropicales, carpintería, tejidos, béisbol, escritura, canto, crucigramas, cocina, observación de pájaros, teatro, artesanía en cuero, jardinería, navegación, guitarra, cine, bailes, colecciones, etc. Muchos de nosotros hemos hallado que ahora gozamos realmente con cosas que antes ni siquiera considerábamos.
7. Reanudar un antiguo pasatiempo, excepto el que usted ya sabe. Tal vez, guardado quién sabe dónde, haya una caja de acuarelas que usted no ha tocado durante muchos años, o un juego de herramientas, un acordeón, un equipo de ping-pong, una colección de discos o el bosquejo para una novela. Para algunos de nosotros, ha sido muy importante escarbar aquellas cosas guardadas, y reanudar nuestro contacto con ellas. Si usted decide que ya no desea seguir con esas ideas, no vacile en desecharlas.
8. Tomar un curso. ¿Ha deseado usted alguna vez poder hablar swahili o ruso? ¿Aprender historia o matemáticas? ¿Arqueología o antropología? Casi en todas partes pueden conseguirse cursos por correspondencia, instrucción por la televisión o la radio, clases para adultos (no necesariamente con objetivos académicos) y que usted podría tomar. ¿Por qué no ensaya? Nosotros hemos visto que un curso de esos no sólo puede añadirle una nueva dimensión a la vida, sino en ocasiones conducirnos a una carrera totalmente diferente.
Si el estudio se convierte en algo pesado, no vacile tampoco en abandonarlo. Usted tiene el derecho de cambiar sus decisiones y abandonar algo que no vale la pena el esfuerzo necesario. A veces es necesario tener el valor para quitarse de las cosas que no nos
convienen, que no añaden facetas nuevas, positivas y agradables a nuestra vida.
9. Ofrecerse de voluntario para prestar servicios útiles. Muchos hospitales, orfanatos, iglesias y otras instituciones y organizaciones necesitan urgentemente personas voluntarias para toda clase de actividades. La selección es muy amplia, ya que usted puede desde leer para un ciego o sellar sobres para la correspondencia de su iglesia, hasta conseguir firmas para memoriales políticos. Pregunte en el hospital, iglesia, agencia gubernamental o club cívico de su localidad para que le informen qué clase de servicios voluntarios necesitan en su comunidad. Hemos visto que nos sentimos mucho mejor acerca de nosotros mismos cuando contribuimos con algún pequeño servicio para el beneficio de nuestros semejantes. El solo acto de investigar las posibilidades de prestar uno de esos servicios es por sí mismo muy interesante e informativo.
10. Hacer algo acerca de nuestra apariencia personal. Muchos de nosotros nos dejamos abandonar demasiado. Un corte de cabello, algunos vestidos nuevos, tal vez unos anteojos o aun el arreglo de nuestra dentadura pueden tener efectos maravillosos. En ocasiones, hemos intentado hacer algo a ese respecto, y los meses subsiguientes al comienzo de nuestra abstención parecen ser una buena época para preocuparnos por eso.
11. ¡Ensayar algo totalmente frívolo! No todo lo que hacemos tiene que ser un esfuerzo dirigido hacia el mejoramiento personal, aunque siempre tales esfuerzos son valiosos y nos proporcionan un alza en nuestra propia estimación. Muchos de nosotros creemos que es importante equilibrar los temas serios con las cosas que hacemos por pura diversión. ¿Le gusta a usted el deporte? ¿Los zoológicos? ¿El chicle? ¿Las películas de los Hermanos Marx? ¿Las lecturas de ciencia ficción o las historietas de detectives? Si no es así, busque a otra actividad no alcohólica con la cual sienta agrado y diviértase en seco. Usted se lo merece.
12. Llene este espacio usted mismo. Esperamos que la lista que le hemos dado le abra alguna idea diferente de todas las que le hemos enunciado . . . ¡Si es así, magnífico! Proceda.
Unas palabras de precaución. Muchos de nosotros sabemos que tenemos la tendencia a exagerar y ensayar demasiadas cosas al mismo tiempo. Tenemos para eso un buen remedio, que usted podrá leer en la página 71. Se llama "Tómelo con calma".
 
7. USAR LA ORACIÓN DE LA SERENIDAD
 
 
Sobre las paredes de miles de salones de reunión de A.A., en alguno de por lo menos cinco idiomas, puede verse esta invocación:
Dios, concédenos serenidad para aceptar
las cosas que no podemos cambiar,
valor para cambiar las cosas que podemos,
y sabiduría para reconocer la diferencia.
A.A. no originó esta oración. Parece que durante muchos siglos se han usado diferentes versiones de ella en varias confesiones religiosas, y en la actualidad es ampliamente usada fuera de A.A., tanto como dentro de la comunidad. Bien sea que pertenezcamos a esta o a aquella iglesia, que seamos humanistas, agnósticos, ateos, la mayoría de nosotros hemos encontrado en esas palabras una guía maravillosa para adquirir la sobriedad, mantenernos sobrios y gozar de nuestra sobriedad. Ya sea que miremos la Oración de la Serenidad como una oración real o simplemente como un ferviente deseo, nos ofrece la fórmula simple para adquirir una vida emocional saludable.
Hemos colocado al principio de la lista de "las cosas que no podemos cambiar", nuestro alcoholismo. No importa lo que hagamos, sabemos muy bien que mañana no vamos a amanecer no-alcohólicos, así como tampoco seremos diez años más jóvenes, o veinte centímetros más altos.
No pudimos cambiar nuestro alcoholismo. Pero tampoco dijimos débilmente, "bueno, ya que soy un alcohólico, tendré que resignarme a beber hasta que muera". Había algo que podíamos cambiar. No necesitábamos ser alcohólicos borrachos. Podíamos convertirnos en alcohólicos abstemios. Es verdad que para eso se necesitaba valor. Y necesitábamos también un toque de sabiduría para ver que era una tarea posible, que podíamos cambiarnos a nosotros mismos.
Para nosotros, esa fue solamente la primera y más obvia utilización de la Oración de la Serenidad. Mientras más nos alejamos de la última copa, mayor significado y mayor hermosura adquieren esas pocas líneas. Podemos aplicarlas a situaciones cotidianas, del tipo que antes utilizábamos para evadirnos dentro de la botella.
Por vía de ejemplo: "Odio este trabajo. ¿Tengo qué seguir en él, o puedo renunciar?" Un poco de sabiduría nos dice: "Bien, si renuncio es probable que pase un tiempo difícil las próximas semanas o meses, pero si tengo la decisión suficiente para
afrontarlo, 'el valor para cambiar', yo creo que podría hacer un mejor papel en otra parte".
O la respuesta podría ser: "Bueno, encaremos esta situación. Ya no es la época para que yo empiece a buscar trabajo, máxime teniendo una familia que mantener. Además, solo tengo seis semanas de abstención, y mis amigos de A.A. dicen que es mejor no empezar tan pronto a hacer cambios drásticos en la vida, es preferible que me concentre en no beber esa primera copa, y que espere hasta cuando tenga mi cabeza totalmente clara y lúcida, Está bien, yo no puedo cambiar este trabajo por ahora. Pero tal vez pueda cambiar mi propia actitud. Veamos. ¿Cómo lograré aceptar serenamente este trabajo?".
La palabra "serenidad" parecía una meta casi imposible cuando escuchamos por primera vez la oración. En realidad, si por serenidad entendíamos la apatía, o una resignación amarga, o una tolerancia difícil, entonces no era algo apetecible en sí mismo. Pero vimos que la serenidad no significaba tal cosa. Cuando nos llega a nosotros ahora, es más en forma de un pleno reconocimiento, una manera realista y lúcida de ver el mundo, acompañada por la paz y fortaleza interiores. La serenidad es como el giroscopio que nos permite mantener el equilibrio a pesar de las turbulencias que se agitan a nuestro alrededor. Y ese sí es un estado de ánimo por el cual vale la pena luchar.
 
8. CAMBIAR LAS ANTIGUAS RUTINAS
 
 
Algunos acontecimientos especiales, lugares familiares, y actividades regulares asociadas con la bebida, han permanecido estrechamente entretejidos en el devenir de nuestras vidas.
Así como la fatiga, el hambre, al soledad, la ira y la relación exagerada, esas antiguas rutinas resultan ser trampas muy peligrosas para la sobriedad.
Cuando suspendimos por primera vez la bebida, muchos de nosotros creímos útil revisar los hábitos que rodeaban a nuestra forma de beber, y dondequiera que fuese posible, cambiar muchos de los pequeños eventos conectados con la bebida.
Por ejemplo: muchos que solían empezar el día con un trago en el cuarto de baño, ahora se dirigen a la cocina a tomar un café. Algunos de nosotros cambiamos el orden de las cosas que hacíamos para preparar el día, como desayunar antes del baño y de vestirnos, o viceversa. Un cambio en la marca de dentífrico y enjuague bucal (y con éste hay que tener cuidado respecto al contenido alcohólico) nos dio un sabor fresco y diferente para
empezar el día. Tratamos de hacer un poco de ejercicio o algunos momentos de plácida contemplación o meditación antes de sumergirnos en el día.
Muchos de nosotros también aprendimos a buscar una nueva ruta al abandonar nuestra casa por la mañana, evitando pasar por algún sitio que tuviera algún significado alcohólico especial. Algunos han cambiado el auto para viajar en tren, o el ferrocarril por la bicicleta, o el bus por la caminata. Otros viajan en una línea de buses diferente de la que acostumbraban.
Bien fuese que nuestra bebida se iniciaba en el vagón-restaurante del tren, en la tienda de la esquina, en la cocina, el club campestre o el garaje, todos nosotros podemos localizar muy exactamente cuál es nuestro local favorito. Ya sea que se trate de un bebedor periódico o de un bebedor consuetudinario, cada uno de nosotros sabe por sí mismo cuáles son los días, las horas y las ocasiones que han estado más frecuentemente asociadas con nuestras borracheras.
Cuando usted desea no beber, puede ayudarle el cambiar todas esas rutinas y establecer un nuevo esquema realmente distinto. Hay amas de casa, por ejemplo, que dicen que les ha convenido cambiar las horas y lugares para hacer sus compras y modificar el programa de sus tareas cotidianas. Las oficinistas que acostumbraban escaparse de la oficina a tomar rápidamente algunos tragos durante el descanso para tomar café, ahora se quedan en la oficina y piden realmente la taza de té o café. (Y esta es una magnífica ocasión para llamar a alguien que usted conozca y que también esté dejando de beber. durante las ocasiones en que acostumbrábamos beber, es muy confortante hablar con una persona que ha pasado por las mismas experiencias).
Aquellos de nosotros que empezamos nuestra sobriedad mientras estábamos confinados en un hospital o una cárcel tratamos de cambiar nuestros itinerarios de manera de no volvernos a encontrar con el contrabandista que nos proveía de licor en esas instituciones.
Para muchos de nosotros, la hora de almuerzo era generalmente un período de consumo líquido. Cuando dejamos de beber, en lugar de ir al restaurante o cafetería donde los meseros siempre nos servían antes de que nosotros pidiéramos, es muy saludable encaminarnos en otra dirección para buscar el almuerzo, y es especialmente conveniente almorzar con otras personas no bebedoras. El ensayar la fuerza de voluntad en un asunto que involucra la salud, es absolutamente insensato cuando no es necesario. Por el contrario, tratamos de hacer que nuestros nuevos hábitos de salud sean los más fáciles posibles.
Para muchos de nosotros, esto también nos ha significado el evitar, por lo menos durante algún tiempo, la compañía de nuestros compañeros de trago. Si ellos son amigos verdaderos, naturalmente se sentirán muy contentos de vernos cuidar nuestra salud, y respetarán nuestro derecho de pedir cualquier cosa que deseemos, así como nosotros respetamos el derecho que ellos tienen de beber si así lo desean. Pero hemos aprendido a cuidarnos de todas aquellas personas que insisten en hacernos beber nuevamente. Aquellos que realmente nos estiman, nos dan ánimo en nuestros esfuerzos por recuperarnos.
A las cinco de la tarde, o a la hora en que termine el trabajo del día, algunos de nosotros aprendimos a detenernos a comer algún emparedado. Luego buscamos una ruta diferente para ir hacia nuestra casa, ruta que en lo posible no nos conduzca por sitios demasiado familiares para nuestra condición de bebedores. En caso de necesitar el tren, evitamos el vagón del bar, y siempre nos apeamos en el lugar de nuestro destino, y no en la estación correspondiente a la taberna de nuestra preferencia.
Cuando llegamos a casa, en lugar de dirigirnos a buscar el hielo y los casos, nos cambiamos de traje, calentamos un poco de té o preparamos algún jugo de frutas, tomamos una siesta o vamos a descansar en la ducha, o con un libro, o leyendo la prensa. Aprendimos a variar nuestra dieta para incluir alimentos no asociados estrechamente con el alcohol. Si nuestra costumbre después de la comida era sentarnos a beber mientras veíamos televisión, vimos la necesidad de cambiarnos a otro cuarto para dedicarnos a otras actividades. Si acostumbrábamos esperar a que la familia se fuera a la cama apere empezar a buscar la botella, tratamos ahora de irnos a acostar más temprano por variar, o dar una caminada o leer o escribir o jugar ajedrez.
Los viajes de negocios, los fines de semana o las vacaciones, la cancha de golf, los estadios de fútbol, los juegos de cartas, la piscina o el refugio deportivo frecuentemente significaban mucho alcohol para nosotros. Los navegantes y pescadores gastaban todo su tiempo bebiendo en la bahía o el lago. Cuando dejamos por primera vez de beber, vimos lo valioso que era programar una clase diferente de viaje o vacaciones durante algún tiempo. El tratar de evitar tomarse un trago en un buque cargado de bebedores de cerveza, adictos al tomcollins, gentes que cargan su propia botella, amantes de la sangría o de los cocteles, es mucho más difícil que dirigirse a otros lugares y, por gracia de la novedad, hacer cosas diferentes que no nos recuerden particularmente la bebida.
Supongamos que fuimos invitados a la clase de reunión donde el principal entretenimiento era beber. ¿Qué pasaba entonces? Mientras bebíamos, éramos muy ingeniosos para inventar
excusas, de manera que aplicamos ese mismo ingenio para inventarnos una manera graciosa para decir, "No, gracias". (Para reuniones a las cuales nos sentimos realmente obligados a asistir, hemos elaborado unas nuevas tácticas de seguridad, que explicaremos en la página 99).
Ahora bien, ¿qué sucedió en nuestros primeros días de abstención respecto a mantener el licor que teníamos en casa? A este respecto hay varias contestaciones.
La mayoría de los no bebedores exitosos concuerdan en que es una sólida precaución al principio desechar todas las botellas escondidas que tengamos, si es que las logramos encontrar. Pero las opiniones varían respecto a las botellas que tenemos en nuestra despensa o bodega.
Algunos de los A.A. insisten en el hecho de que nunca la disponibilidad de bebida nos condujo a beber, así como tampoco la falta de ella evitó emborracharnos cuando lo deseábamos realmente. Por eso preguntan: "¿Para qué derramar un buen whisky por el sumidero o regalárselo a otra persona? Vivimos en una sociedad de bebedores y no podemos evitar la presencia de las bebidas alcohólicas. Mantengamos nuestro abastecimiento a mano para atender a los huéspedes que lleguen a nuestra casa, y aprendamos a ignorar el licor el resto del tiempo". Para esas personas, este sistema funcionó.
Otra multitud de entre los nuestros puntualiza que en ocasiones fue increíblemente fácil para nosotros apurar un trago debido a un impulso casi inconsciente, antes de que nos diéramos cuenta. Si no existe alcohol a mano, si tuviéramos que salir a comprarlo, por lo menos nos queda la oportunidad de reconocer lo que nos disponemos a hacer y tenemos algún tiempo para reflexionar. ¡Los no bebedores que tienen esta convicción dicen que es mucho mejor prevenir que curar! Estas personas regalaron o vendieron toda su provisión y no dejaron nada en su hogar hasta cuando su sobriedad les pareció lo suficientemente normal y estabilizada. Aun ahora, compran solamente lo necesario para atender a sus invitados durante una sola fiesta.
Usted hará la elección que más le convenga. Nadie más que usted conoce cuál ha sido su forma de beber y hasta dónde aprecia la abstención que ha ganado hoy en día.
Ahora bien, la mayoría de los pequeños cambios de rutina que hemos mencionado en esta sección pueden parecer, por sí mismos, ridículos y triviales. Sin embargo, podemos asegurarle que la suma total de todos ellos nos ha proporcionado un impulso sorprendentemente poderoso hacia una salud nueva y vigorosa. Usted también puede tener ese empuje, si lo desea.
 
9. COMER O BEBER ALGO GENERALMENTE SIMPLE
 
 
¿Puede usted imaginarse tomándose un whisky con soda inmediatamente después de una leche malteada de chocolate? ¿O una cerveza para acompañar un pedazo de pastel de fresas con crema de leche?
Si esas preguntas no lo han mareado y puede continuar leyendo, estará de acuerdo en que esas cosas no compaginan, no parecen hechas la una para la otra.
En cierto sentido, esto es lo que queremos expresarle con esta porción de nuestra experiencia. Muchos de nosotros hemos aprendido que algo de sabor dulce, o casi cualquier alimento o pasaboca nutritivo, parece amenguar un poco el deseo del trago. Así, de vez en cuando, nos recordamos que no debemos permitir que el hambre nos alcance demasiado.
Puede ser sólo nuestra imaginación, pero el ansia de una copa parece agudizarse cuando el estómago está vacío. Por lo menos, es mucho más notoria esa compulsión.
Este libro está basado en nuestra propia experiencia personal, antes que en informes científicos. Por ello no podemos explicar precisamente, en términos técnicos, por qué sucede esto. Solamente podemos informar que millares de nosotros, aun muchos que afirman que nunca han sido aficionados a los dulces, hemos notado que el comer algo dulce disminuye la urgencia de beber.
Puesto que no somos médicos ni expertos en nutrición, no podemos recomendar que todos nosotros mantengamos una barra de chocolate en el bolsillo para masticarla cuando quiera que se nos presente el pensamiento de una bebida. Muchos de nosotros lo hacemos, pero otros tienen razones poderosas de salud para evitar los dulces. Sin embargo en todas partes podremos encontrar frutas o substitutos dietéticos de las comidas o bebidas dulces, y por eso la idea de utilizar un sabor dulce es muy fácil para todos.
Algunos de nosotros creemos que es algo más que el mero sabor lo que ayuda a controlar el impulso hacia el alcohol. Puede también deberse en parte, a que estamos substituyendo toda una serie de acciones físicas: conseguir la bebida dulce, o un vaso de leche o de jugo, y algunas galletas o helados, y luego beber o masticar, y tragar.
Con toda seguridad, cuando muchos alcohólicos suspenden su racha de bebida, se encuentran en peores condiciones de nutrición que las que habían imaginado. Esto sucede en todos los niveles económicos. Por esa razón, muchos de nosotros fuimos aconsejados por nuestros médicos
que tomáramos vitaminas suplementarias. Por ello tal vez muchos de nosotros necesitamos una mayor nutrición de la que nos percatamos, y por consiguiente el sentir que nuestro estómago tiene adecuada consiguiente el sentir que nuestro estómago tiene adecuada provisión de comida nos hace sentir mejor fisiológicamente. Una hamburguesa, miel, maní, vegetales, queso, nueces, gelatina de grutas; una menta, o cualquier cosa que usted prefiera, que sea buena o conveniente para usted, le puede servir.
Cuando se sugiere a algunos alcohólicos que inician su abstención, la conveniencia de comer en vez de beber, se preguntan si eso no les ocasionará obesidad. A esto podemos contestar que nuestra experiencia nos demuestra que esta situación ocurre muy raramente. Muchos de nosotros perdimos la grasa excesiva cuando empezamos a comer en forma balanceada reemplazando las calorías del alcohol etílico, y otros han ganado unas libras que les eran necesarias.
De todas maneras, algunos "adictos" a los helados o los confites observan que en sus primeros meses de abstención engordan un poco, en los lugares que menos los favorecen. Pero esto parece ser un precio muy pequeño para pagar por la liberación del alcoholismo activo. Es mejor ser algo gordito que borracho, ¿no es verdad? Además, nunca se oyó que a nadie lo arrestaran por conducir en estado de obesidad.
De todas maneras, con un poco de paciencia y buen criterio, los problemas de peso generalmente se normalizan, como lo comprueba nuestra experiencia. En caso contrario, o si usted padece de un problema crónico y serio de obesidad o falta de peso, debería consultar a un médico que no sólo conozca los problemas del peso, sino también que sepa algo de nuestra enfermedad. Nunca encontramos ningún conflicto entre la experiencia de A.A. y el consejo fundamentado que suministra un médico que conozca el tema del alcoholismo.
Por consiguiente la próxima ocasión en que se presente la tentación de beber, llevemos algo a nuestra boca, bien sea de comer o de beber para que nos quite el apetito. Por lo menos, en esa forma demoramos el consumo de la bebida alcohólica durante una o dos horas, tiempo suficiente para que demos un paso adelante hacia nuestra recuperación, como por ejemplo el que sugerimos en la próxima sección.
 
10. UTILIZAR LA "TERAPIA DEL TELEFONO"
 
Cuando estábamos iniciando nuestra tarea de alcanzar la sobriedad, muchos de nosotros nos encontramos bebiendo sin siquiera haberlo planeado. En ocasiones, nos parecía que eso nos sucedía sin siquiera darnos cuenta. No existía una decisión consciente para beber, ni un pensamiento real acerca de las posibles consecuencias. De ninguna manera habíamos intentado desencadenar todo un episodio de trago.
Ahora hemos aprendido que con posponer simplemente esa primera copa, y colocar algo distinto en su lugar, se nos provee la oportunidad de pensar acerca de nuestra historia de bebedores, la enfermedad del alcoholismo, y los probables resultados de empezar nuevamente a beber.
Afortunadamente, podemos hacer algo más que pensar, y lo ponemos en práctica: llamamos por teléfono a alguien.
Cuando dejamos de beber, se nos dijo repetidamente que apuntáramos los números de teléfonos de nuestros compañeros de grupo y que, cuando tuviésemos deseos de beber, llamáramos a esas personas.
Al principio, la idea de llamar por teléfono a una personas que escasamente hemos conocido, nos pareció extraña, y la mayoría de nosotros no dimos importancia a ese consejo. Pero los A.A. que tenían muchos más días de abstención que nosotros, continuaban sugiriéndolo. Nos decían que comprendían muy bien en la misma forma. Sin embargo, nos aconsejaban que tratáramos de hacerlo, por lo menos una vez.
Y así lo hicimos, finalmente, miles y miles de nosotros. Para nuestro alivio, resultó se una experiencia fácil y agradable. Y mejor aún, funcionó perfectamente.
Tal vez la manera más rápida de comprender esto, antes de que usted lo ensaye, es ponerse a sí mismo mentalmente en el lugar de la persona que recibe la llamada. Es algo muy satisfactorio y compensatorio el que alguien confíe en nosotros hasta ese punto. Por consiguiente quien recibe la llamada, casi invariablemente se muestra cortés y agradecido por haber sido seleccionado, y no se siente sorprendido; por el contrario, se siente feliz de escucharnos.
Pero hay más. Muchos de nosotros hemos visto que cuando deseábamos beber, podíamos telefonear a alguien con mayor experiencia en sobriedad, y que ni siguiera era necesario mencionarle que estábamos pensando en beber. Eso era a menudo comprendido tácitamente. Y ¡realmente no importaba el momento de nuestra llamada, de día o de noche!.
En ocasiones, sin ninguna razón aparente, nos encontramos pasando una repentina e inexplicable racha de ansiedad, terror, temor y pánico, que no tenía sentido . (Esto les sucede a muchos seres humanos, por supuesto, y no solamente a los alcohólicos).
Cuando contábamos la verdad de cómo nos estábamos sintiendo, qué estábamos haciendo y qué deseábamos hacer, vinos que éramos perfectamente comprendidos. Recibíamos no sólo simpatía, sino comprensión completa. todas las personas que llamábamos, es bueno mencionarlo, habían estado en la misma situación en una u otra época, que ellos recordaban vívidamente.
Con mayor frecuencia de la imaginable, con sólo unos pocos momentos de conversación, logró desaparecer nuestra idea de beber. En ocasiones, recibimos información práctica que nos abrió los ojos, o una orientación sutil e indirecta, o un consejo directo y fuerte pero dado de todo corazón. A veces, llegamos inclusive a perdernos reír.
Los observadores de los alcohólicos recuperados han tomado nota de la extensa red de contactos sociales informales entre los miembros de A.A., aun cuando no estemos dentro de reuniones, y en ocasiones cuando ninguna está hablando o pensando acerca del alcohol. Hemos visto que podemos tener tanta vida social con los demás como la deseemos, haciendo en su compañía las cosas usuales que hacen los amigos, como escuchar música, ir a cine o teatro, cenar, hacer excursiones o paseos de pesca, o simples visitas, personalmente, por escrito, o por teléfono, todo ello sin la necesidad del trago.
Estas relaciones y amistades tienen un valor muy definido para quienes hemos escogido no beber. Sentimos la libertad de podernos mostrar tal como somos entre personas que comparten nuestra preocupación por mantener una sobriedad feliz, sin ser fanáticos contra la bebida.
Es muy posible, claro está, permanecer sobrios entre amigos que no son alcohólicos recuperados, y aun entre aquellos que consumen grandes cantidades de alcohol, aunque probablemente sintamos alguna incomodidad en su compañía. Pero estando con otros alcohólicos abstemios, podemos tener la seguridad de que nuestra preocupación es altamente apreciada y profundamente comprendida. Esto tiene un gran significado para ellos, así como su bienestar es muy apreciado por nosotros.
La transición hacia el gozo de la sobriedad empieza frecuentemente cuando, recién abstemios, nos mantenemos en contacto con otras personas igualmente nuevas en el programa. Al principio, parece algo embarazoso comenzar amistades con personas que han estado sobrias durante varios años. Generalmente nos sentimos más cómodos con aquellos que se encuentran en la misma situación nuestra, empezando su camino hacia la recuperación. Esta es la razón por la cual muchos de nosotros hacemos nuestras primeras llamadas telefónicas en procura de nuestra abstención a aquellos miembros "contemporáneos" nuestros en A.A.
"La terapia del teléfono" funciona bien cuando no conozcamos a nadie en particular para llamar. Puesto que en la mayoría de los directorios telefónicos de los Estados Unidos, el Canadá y muchos otros países se encuentra el número de teléfono de A.A., es muy fácil marcar ese número y ponernos instantáneamente en contacto con alguien que comprende sinceramente, a nuestro mismo nivel. Puede ser una persona que nunca hemos conocido, pero siempre obtendremos la misma genuina simpatía.
Una vez que hemos efectuado la primera llamada, es mucho más fácil hacer otra cuando la necesitemos. Finalmente, la necesidad de alejarnos del deseo de una bebida desaparece virtualmente para la mayoría de nosotros. Cuando esto se logra, sin embargo, muchos de nosotros encontramos que hemos establecido el hábito de hacer visitas ocasionales por teléfono y por consiguiente seguimos haciéndolas porque nos agradan.
 
   
 
Este sitio web fue creado de forma gratuita con PaginaWebGratis.es. ¿Quieres también tu sitio web propio?
Registrarse gratis